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AKILIA – DO BIERZO

Mario Rovira, uno de los productores más trotamundos del grupo, encabeza un proyecto familiar junto a su madre Marisol Roldán. Después de estudiar agrónomos y enología en Tarragona, realizó distintas vendimias en bodegas de Nueva Zelanda (Marlborough), Sancerre (Francia) y California (Napa Valley). Posteriormente se formó con el mítico enólogo Jean Claude Berrouet en Lafleur-Pétrus en Pomerol (Burdeos). A su vuelta a España emprendió junto con su madre la búsqueda de viñedos que les permitieran producir vinos elegantes, serios, austeros y con marcada acidez. Los encontraron en San Lorenzo, en el Bierzo: 3,5 hectáreas de viñedo viejo (65 a 92 años) de mencía, palomino y doña blanca situados a 600m de altitud sobre suelos de cuarcitas y pizarras en una de las zonas más frías de la denominación.

Los cinco primeros años de recuperación del viñedo y reconversión a cultivo orgánico fueron los más duros, pero madre e hijo están hoy felices con sus tintos de mencía y blancos de palomino y doña blanca a los que se ha unido la gama Villa San Lorenzo que hace accesible a un público más amplio la personalidad del paisaje en el que trabajan.

ROCA MADRE:

Pizarras del Carbonífero muy minerales y cuarcitas del Ordovícico que aportan una mineralidad menos marcada.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Como Mario, a quien nunca se oye alzar la voz, serían tímidos, reservados y necesitarían mucho tiempo para abrirse a los demás. Hay que tener paciencia y saber escuchar para descubrir todo lo que hay detrás.

ALMAROJA – DO ARRIBES

Un auténtico flechazo fue lo que llevó a Charlotte, o Carlota, a trasladarse desde Inglaterra al pueblecito de Fermoselle en Arribes de Duero. Tras enamorarse del vino en Francia y haber trabajado para un importador de vinos en Reino Unido, fue un francés asentado en Rueda, Didier Belondrade, quién le habló del potencial de esta región zamorana para hacer grandes vinos. Al contemplar el dramático paisaje de los Arribes del Duero, supo que había encontrado lo que buscaba.

En su primera visita a la zona viajó, acompañada de sus perros en un coche de matrícula francesa que le hizo ganarse el apodo de “la francesa”. Una vez instalada, tuvo que aguantar infinidad de comentarios por su condición de mujer y por su forma de trabajar en el campo, sola en su tractor y siguiendo el calendario biodinámico. Por suerte aguantó lo suficiente para sacar su proyecto adelante que incluye cinco vinos de variedades autóctonas: el blanco Pirita Blanca (de malvasía, godello, albillo, puesta en cruz, moscatel, palomino, chelva), el tinto Pirita Crianza (juan garcía, tempranillo, tinta Madrid, rufete, bruñal, bastardillo chico, bastardillo serrano, garnacha, garnacha tintorera, gajo arroba, tinta jeromo, verdejo, colorado…), un rosado que lleva un poco de todo, el Charlotte Allen Crianza que solo se elabora en las mejores añadas y el tinto joven Cielos y Besos con una base del 80% de juan garcía. Hoy sigue haciendo ella misma todos los trabajos de viñedo y bodega.

ROCA MADRE:

El suelo de los Arribes está formado por una fina capa de arena sobre una base de granito. Para Charlotte “es una tierra muy pobre que da vinos potentes, minerales, salinos y con mucha frescura.”

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Concentrados y potentes pero frescos; cerrados al principio, únicos, difíciles de entender para los que no van más allá de las zonas tradicionales. “Me han dicho que se parecen a mí. No sé si eso es bueno o malo…”, dice Charlotte.

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CELLER PARDAS – DO PENEDÉS

Ramón Parera y Jordi Arnan, ambos viticultores de vocación, comenzaron el proyecto Pardas en el año 1996 con la idea de elaborar los mejores vinos posibles en la finca de Can Comas en el Alt Penedès: 60 hectáreas de bosque mediterráneo, cereales, pasto y terrenos yermos en torno a una masía de origen medieval.

Practican una viticultura austera y ecológica. No labran los viñedos; son pioneros absolutos en la zona en trabajar con cubiertas vegetales. Tampoco fertilizan en el sentido clásico; las cepas tienen que luchar para obtener agua y nutrientes y este esfuerzo imprime carácter a sus vinos. Las fermentaciones son espontáneas y tampoco realizan clarificaciones.

Trabajan tres líneas de vinos a partir de tres variedades diferentes: con la xarel.lo demuestran su aptitud para ir más allá del cava y elaborar vinos blancos de guarda en sus etiquetas Rupestris, Xarel.lo Pardas y Xarel.lo Aspriu. 

La uva autóctona recuperada sumoll, que para Parera se encuentra en algún lugar entre un pinot noir y un nebbiolo, se  utiliza en un rosado y en dos tintos: Scrofa y Collita Roja.

Por último, Negre Franc y el Aspriu Pardas, que plasman la idea que la uva no es una finalidad en sí misma, y que variedades internacionales como el Cabernet Franc pueden también servir como herramienta, dando otra visión de la zona.

ROCA MADRE:

“Nuestro suelo es arcillo-calcáreo y nuestra roca madre es el Petrocálcico. Las raíces se insertan en la roca y aportan a nuestros vinos mineralidad, salinidad y tensión”.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

“Yo creo que, consciente o inconscientemente uno se quiere proyectar en sus vinos. Reflejan la personalidad del elaborador y su constante evolución. Ahí va una frase de Charles Mingus que lo describe a la perfección: ‘In my music, I am trying to play the truth of what I am. The reason it´s difficult is because I am changing all the time’.

CLOS LENTISCUS – DO PENEDÉS

 En 2001, los hermanos Manel y Joan decidieron dar forma a una idea que tenían en sus mentes desde hace tiempo de realizar fotografías del paisaje a través de sus uvas, con el máximo de respeto por el entorno. Su propiedad, formada por la casa familiar (S. XIV), 20Ha de viñedo y 45Ha más de bosque, está situada en el Parque Natural del Garraf, orientada al sur en frente del mar Mediterráneo. Un mosaico de viñedos de diferentes variedades autóctonas envuelve la masía: malvasia de Sitges, xarel.lo y xarel.lo vermell en blancas, y sumoll y cariñena en tintas.

Clos Lentiscus es miembro de La Renaissance des Appellations, asociación de productores biodinámicos impulsada por Nicholas Joly en Francia y que hoy cuenta con socios en numerosos países. El trabajo vitícola sigue el ciclo lunar y astronómico, el cual favorece la aplicación de preparados biodinámicos y infusiones de diferentes plantas.  Sus vinos también se consideran “naturales” ya que no se añade ningún aditivo.  Nada más que uva.

 En Clos Lentiscus, se elabora un vino distinto de cada una de las parcelas de viñedo, nunca se mezclan parcelas y cada vino procede de una sola añada.

Elaboran vinos espumosos, tanto del método tradicional como “pet-nats” y tranquilos, incluyendo vinos criados en ánfora y vinos Orange.

ROCA MADRE:

El suelo, arenoso-calcáreo, aporta finura aromática, acidez y buena capacidad de envejecimiento. Manel dice que sus vinos transmiten “la mineralidad del calcáreo y la salinidad del mar”.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Serían sencillos, honestos y directos. Sin engaños ni fantasías

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MALDIVINAS  – VDT DE CYL

Carlos Arenas y Guillermo Fernández son los fundadores de Roca Madre y socios de Maldivinas, un proyecto que emprendieron hace 10 años. Carlos se encarga de la comercialización, administración y participa en la enología, mientras que Guillermo se concentra en la viticultura y enología.  Llegaron al mundo del vino por afición y pasión, enganchados hasta tal punto que decidieron hacer sus propios vinos de viñas viejas de garnacha y albillo en la zona conocida como “La Movida” entre Cebreros y El Tiemblo en plena Sierra de Gredos. Trabajan con viñedos de más de 60 años, cultivados en laderas de pizarra con pendientes que llegan a alcanzar el 35%, lo que obliga a realizar todo el trabajo de forma manual o con mula. Todos los tratamientos se hacen con productos naturales y con la ayuda de su “equipo” particular: lombrices que renuevan la tierra y mariquitas que se alimentan de las plagas que pueden atacar la viña.

Sus etiquetas asocian el nombre de la zona con la movida madrileña de los años 80. Algunas, como La Movida Canalla y La Movida al Desnudo, han sido diseñadas por artistas emblemáticas de la época como Ceesepe y Ouka Leele. En sus garnachas distinguen las que proceden de suelos de granito y de pizarra, mientras que el blanco Combate procede de una hectárea de albillo de más de 90 años.

ROCA MADRE:

“Nosotros tenemos suelos de granito y de pizarra. Los primeros aportan profundidad y los segundos mineralidad”.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Nuestros vinos tienen personalidad;  son amables, frescos y elegantes. Serían personas que están al día, con clase y con una personalidad muy marcada.”

QUINTA MILÚ, DO RIBERA DEL DUERO – CASA AURORA, SAN ESTEBAN, BIERZO ALTO

Mitad asturiano, mitad berciano, Germán sabía desde muy joven que algún día haría sus propios vinos, aunque forma parte de esa generación de jóvenes productores que han tenido que crear su propio camino porque carecían de viñedo, bodega y tradición familiar. Milú es el apodo de su primer hijo que da nombre a sus vinos de la Ribera del Duero. También elabora en el Bierzo, donde está recuperando viejos viñedos de su familia y de otros paisanos del lugar en dos proyectos diferentes: San Esteban y Casa Aurora.

Germán hace todo el trabajo en sus bodegas y sus viñas. Desde podar a vendimiar; desde descargar las cajas de uva ¡hasta limpiar los baños antes de una visita! Entre enero y abril se concentra en las ventas y en viajar para hacer labores comerciales, y desde abril hasta la vendimia, recorre infinidad de kilómetros junto a su perra Uva entre el Bierzo y la Ribera del Duero para hacer todas las labores del campo.

Trabaja con tempranillo (o tinto fino) en Quinta Milú; mencía, bastardo (trousseau) y cabernet sauvignon en San Esteban; y mencía, garnacha tintorera, garnacha y palomino en Casa Aurora. Su sello de calidad “Lively Wines” indica que sus viñas y vinos no tienen restos de herbicidas ni insecticidas… que son artesanos al máximo y que se elaboran con “uvas felices”.

ROCA MADRE:

“La arcilla en sus múltiples estilos marca mis vinos y aporta frescura y elegancia”, explica Germán.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Serían alegres, sencillas y honestas

SAÓ DEL COSTER  – DO PRIORAT, DO RIAS BAIXAS

Al frente de Saó del Coster Xavier Barrachina cuenta con uno de los equipos de trabajo más grandes entre los miembros de Roca Madre: Ángel Vergara en campo, sendos responsables de ventas nacionales (Jordi Giménez) e internacionales (Michelle Negrón) con apoyo del consultor en biodinámica Fréderic Duseigneur y los enólogos Pep Aguilar y Patri Morillo.

Fundada en 2004 por un grupo de amigos suizos, trabaja de forma respetuosa en sus fincas de Planassos y La Pujada situadas en el término municipal de Gratallops, en la DOQ Priorat.

La fuerza del terroir se percibe en los vinos Pim Pam Poom, S, Terram, Planassos y La Pujada, en los que se imponen variedades autóctonas como la garnacha y la cariñena, algunas procedentes de viñas de más de 60 años.

En 2010, Saó del Coster puso en marcha un proyecto en la DO Rías Baixas para elaborar el monovarietal de albariño X de Saó.

Aplican la filosofía de la mínima intervención tanto en la agricultura como en la bodega, respetando los ciclos de la naturaleza, realizando tratamientos biodinámicos en sus fincas, labrando con animales y siguiendo el calendario lunar para todas las labores en viñedo y bodega.

ROCA MADRE:

Suelos graníticos para Pim Pam Poom y pizarrosos para el resto de los vinos. “Para mí, los vinos de suelos pizarrosos son más profundos, más largos, más concentrados mientras que los suelos graníticos dan vinos con vibración, vinos eléctricos”, dice Xavier Barrachina.

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

“Nuestros vinos son afrutados pero más ligeros que los Priorats habituales. Serían personas expresivas, alegres, pero con carga de profundidad y con ganas de currar”, explica Xavier.

VIÑA ZORZAL – DO NAVARRA

El proyecto de los hermanos Iñaki, Xabier, Mikel Sanz y su amigo Rafael Regadera,  arranca con un original monovarietal de graciano en la cosecha 2007. Lo elaboran en la bodega familiar creada por su padre, Antonio, a finales de la década de los ochenta. Desde el principio la familia ha defendido la filosofía de cuidar y mimar sus viñas tanto o más que el trabajo en bodega.  Las instalaciones están situadas en Corella en el corazón de la Ribera Baja de Navarra en cuyo entorno cuentan con algunos viñedos de tempranillo y graciano.

Sin embargo, el proyecto se ha ido focalizando en la recuperación de viñedos de garnacha en el entorno del municipio de Fitero, donde ya cuentan con 25 hectáreas de garnacha en vaso. Frente a la planicie característica del valle del Ebro, en esta zona empiezan las primeras lenguas del sistema Ibérico y la mayor altitud determina un carácter más fresco en los vinos.

Más allá de la recuperación de varietales autóctonas navarras, el principal objetivo de Viña Zorzal es de elaborar vinos que se valoren por su autenticidad y sencillez y que estén al alcance de todo el mundo.

ROCA MADRE:

“Mayoritariamente son suelos pedregosos con un buen drenaje que obliga a las raíces a profundizar en el terreno. Las piedras, por otro lado, mantienen la humedad y el calor del sol durante la noche y aseguran una buena y lenta maduración de la uva”, explica Xabi

SI SUS VINOS FUERAN PERSONAS:

Serían sencillas y honestas